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Ficha Básica

☨; Nombre: Tamriel

☨; Edad: +7.000 Años

(Aparenta 40)

☨; Estatura: 1,76

☨; Raza: Ángel Caído

☨; Orientación sexual: Bisexual

☨; Clase: Sacerdotisa

Face Claim: Azami - Kagerou Project

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Historia

Historia

El Ángel del Cosmos

Hace miles de años, un ángel puro nació en el plano celestial. Destinada estaba a hacer grandes cosas por su Dios a ojos de su madre, Dandriel la Principada, quien a muy temprana edad comenzó a adiestrar a su pequeña en las artes lumínicas; así como en el combate cuerpo a cuerpo, arco y cetro; para que en algún punto de su vida completara lo que ella jamás pudo llegar a ser.

Hasta que al fin, tras años y años de preparación, la pequeña Tamriel entró en las fuerzas militares de los ángeles y emprendió su primera misión. A esta misión, exitosa, le siguió otra. Y otra. Este joven ángel, de hebras tan blanquecinas como la preciosa toga que su madre le regaló, pronto empezó a demostrar que poseía unas cualidades muy peculiares que su madre nunca tuvo.

Su vida cambió en la vigésimo séptima misión que le sería encomendada.

En esta, el joven ángel fue destinada a comandar su pelotón por primera vez. Era la oportunidad de su vida. En este pelotón habían ángeles y arcángeles con los que ya había realizado una veintena más de misiones, por lo que se sentía segura. Y más con el rol que le otorgaron para esa escaramuza: sacerdotisa. Tenía que curar a los suyos y procurar que no murieran.

Se valió de todos los dotes que obtuvo gracias a las enseñanzas de su madre cuando hubieron de adentrarse en las entrañas del Infierno en busca de información del Anticristo. Encontraron una apertura en aquella zona hace tiempo los mandamases de su regimiento, y mandaron a su pelotón a pasar por este a fin de acercarse a cierto edificio sin ser detectados. Al comienzo de la misión tuvieron la suerte de encontrarse solo con unos cuantos demonios de bajo rango que pudieron aniquilar con avidez... Pero la suerte no estaría de su lado por siempre. Sin poder llegar a los archivos, su pelotón fue presa de una emboscada conformada por cientos y cientos de demonios. La batalla se volvió campal, y aquella misión dejó de ser una escaramuza. Ahora la misión consistía en la supervivencia. Pero los ángeles iban pereciendo en mayoría... Esa emboscada les hizo demasiado daño.

Ya solo quedaba parte del pelotón de Tamriel en pie. No había manera... Siendo ellos solo cinco restantes contra quinientos demonios, la batalla estaba perdida. O habría sido así... Si Tamriel no hubiera tenido la determinación de emplear un conjuro que su madre le enseñó solamente para casos de emergencia.

El conjuro consiste en sacrificar la propia vida progresivamente para que tenga lugar un escudo en área, que cubriría a todo aquel que se mantuviera cerca de la sacerdotisa. Así, los miembros del grupo se volvieron temporalmente invulnerables; mientras que la piel de Tamriel se agrietaba y se partía en trozos conforme más tiempo transcurría. Ella podía sobrevivir de ese aprieto. Pero para ello tienen que darse dos factores: Una, el resto de arcángeles tienen que procurar que los demonios no la alcancen y detengan el conjuro; y dos, deben salir de ahí cuando antes para que ella deje de tener activo el conjuro y escapen de ahí.

Tal valía demostraron los arcángeles en batalla contra todos esos demonios... Cualquiera podría matar a su adversario siendo uno invulnerable a los golpes; pero lo que ahí ameritaba era la eficiencia, la rapidez con que acabaran con ellos para que Tamriel se pudiera salvar. Lo consiguieron. Traspasaron el portal de aquella apertura que para siempre quedaría cerrada, pero ellos al menos se habían salvado la vida.

Tamriel sufrió grandes daños, pero sobrevivió. Su piel quedaría permanentemente marcada por el hechizo que utilizó, notándose esas grietas sobre todo en su rostro. Pero, aunque aquello deformara su figura, no era para nada vergonzoso... No después del honor que le otorgaron.

A partir de entonces la que hasta ahora se trataba de un mero ángel fue ascendida a Potestad, formando ahora parte de la Segunda Jerarquía de ángeles siendo una de las más jóvenes en alcanzar tal jerarquía en la historia. Sus cuatro alas doradas surgieron magnánimas y divinas en los días siguientes. También subió de rango considerablemente en la milicia; empezaría a ser conocida por el Ángel del Cosmos, el balance de la guerra. Habladurías se dispersarían por entre el plano celestial, asegurando muchos de ellos que un ángel que lucha junto a Tamriel, aumentaba cien veces su valor en la contienda. Y que no hay manera de morir si se lucha dentro de su escuadrón. Se dice que incluso existen unas tierras lejanas en el plano terrenal que adoptaron su nombre. ¿Será en su honor?

La Tentación del Amor

...Pero todo lo que tan alto sube, en algún momento debe terminar bajando. Y como en muchas historias, este descenso comienza con un ingrediente: el amor.

Tamriel subió a lo más alto en muy poco tiempo, y su madre estaba totalmente satisfecha sin que le importase nada más de su hija. ¿Qué es Tamriel, sino un retoño de la que jamás llegó a lo que ella, y tanto ansiaba el éxito de su hija? Dandriel nunca se ocupó de los sentimientos de su hija.

Tras milenios y milenios sirviendo a la milicia celestial, en una temporada de descanso para su regimiento, Tamriel se dio el lujo de despedirse de su ya tan querido pelotón que durante tantas misiones le acompañaron, y descender al mundo de los humanos a explorar por una petición especial de Dios Todopoderoso. Tomó una poción de invisibilidad para sus alas de los aposentos de su madre y bajó a pasar desapercibida por entre los mortales.

Le costó adaptarse a la humilde vida de los humanos, pero pudo lograrlo con algo de maña, astucia, y una pizca de suerte. La humanidad transcurría aquel entonces por el medievo, por lo que la vida no era fácil; pero a cosas peores se ha enfrentado esta muchacha en su vida.

Aunque no sabía qué era lo que estaba por vivir la ya milenaria ángel.
Lo que nunca pudo experimentar. El amor que tanto llena y que tanto hiere también, alcanzó por fin su corazón. Y nada más ni nada menos que un flechazo; y nada más ni nada menos, que... del aristócrata de la villa donde ella pasó a vivir.

Una hermosa historia de plebeya y príncipe tuvo lugar entre aquellas dos almas. Desde el primer día que aquel varón de apuesto porte, cabello rojizo y preciosos ojos esmeraldinos, dio una visita a las calles de su villa y posó sus ojos en la hermosa mujer de níveos cabellos, supo que tarde o temprano... volverían encontrarse para formar juntos una pequeña historia.

Y así fue. En unas fiestas tradicionales de la villa donde se bailaba en honra de los Santos, el aristócrata encontró a su doncella, y consumó su deseo con un ferviente beso que tuvo el descaro de darle sin haber compartido antes siquiera unas palabras. Pero a Tamriel esto no le disgustó... Hizo que se enamorara todavía más perdidamente de aquel hombre.

Las semanas venideras a ese evento consistieron todas en escaramuzas, pero no como las que solía ella realizar bajo las ordenanzas de la milicia del plano celestial; se trataban de dos enamorados que se escapaban al bosque a hablar de lo mucho que se amaban, de las promesas que querían hacerse el uno al otro, y de lo mucho que ansiaban... Empezar a compartir una vida entera el uno con el otro.

Pero habían muchas pegas por parte de Tamriel. Un día... Ella no pudo más con la presión, y hubo de contarle a su amado sus dudas y ansiedades. Ella era un ángel. Uno de alto cargo además, que había venido a visitar a la humanidad por una temporada. El hombre... Quedó atónito. Mas decidido, se levantó del césped y le tendió la mano a su doncella: "Ven conmigo, querida. Quiero mostrarte algo."

Le condujo hasta sus tierras; su mansión. Era ya hora de que dejasen atrás las inseguridades de la diferencia de clases, le confesó él a la mujer. Tamriel entró en dicha edificación, confiando plenamente en él...

Y ahí fue cuando el Ángel del Cosmos empezó a sufrir su cruel pesadilla.

El Barón la apresó ahí dentro durante días y días. ¿Con qué fuerza? Con la de un vampiro; uno de muy alto nivel. Solo así podía doblegar de aquella manera a la Potestad que allí dentro maniató a una sombría pared... Aunque lo que más mella hizo en la derrota de Tamriel, lo que más débil la hizo, no fue otra cosa que el amor ciego por un ser que realmente no la amaba, sino que ansioso estaba de poseer un ángel dentro de su colección de mujeres a las que robar sangre hasta que perecieran.

En vista queda, amigos míos, que los seres tan puros como los ángeles no deberían poder amar. Solo así los seres crueles como los vampiros o los demonios son capaces de ver sus puntos más débiles.

El Maleficio de Sangre

Meses perduró allí encerrada la que poco a poco más pinta tenía de ser un alma rota, un alma en pena con cuatro alas manchadas de barro y sangre.

Violada fue cientos de veces, y miles fueron las ocasiones en las que aquel vampiro le arrebató de su sangre. Cadáveres de mujeres humanas se pudrían alrededor de ella en aquel sótano, pues ellas no tenían la capacidad de regeneración que tenía su raza, y por tanto perecían en manos de aquel psicópata sediento de sangre. Su vida pasó de ser orden y cosmos, a quiebre y caos... Su vientre cada vez estaba más abombado y a cada día que pasaba más náuseas tenía. Las horas en las que no estaba siendo usada por él... Sin cesar observaba su barriga cuyo interior una hija albergaba, sin poder imaginarse qué clase de ser sería capaz de salir de ella siendo la semilla de un engendro como lo era ese vampiro.

No... Se quería acuchillar viva, quería morir... Por qué no le dejaban morir...
Quería volver con su madre... Con su pelotón, su vida de antes...
Por qué tuvo que enamorarse de esa mentira...

Cuando estaba teniendo esos pensamientos suicidas aquel día su secuestrador apareció en la puerta del sótano de esa mansión. Corriendo fue hacia ella y los grilletes y cadenas le quitó. "Vienes conmigo", le dijo, y de una de las cintas de cuero que las alas del ángel sostenían agarró.

Tamriel aún sangraba del cuello de la noche anterior, por lo que estaba muy débil y temblorosa. Pero aun así hizo caso. Mientras salía de ese sótano, pensó... Sería tan fácil hacer un ataque sorpresa ahora... Pero al mismo tiempo, no era tan fácil para ella. Estando ella tan débil, la capacidad física del vampiro era mil veces superior a la de ella. Solo podría vencerle con magia...

Lo intentó. Trató de acertarle un hechizo lumínico, uno que para cualquier ser supondría una curación, pero para los no muertos podía suponer una vuelta a la muerte eterna. Pero ese malnacido lo esquivó. El castigo por tal hazaña fue la succión de una mayor cantidad de sangre, casi mortal. No la golpeó ni realizó nada físico que pudiera herirla a él y a su hija que a punto estaba de nacer...

Por algún motivo, al vampiro le interesaba que ella no abortara el retoño.

Salieron de esa mansión y esa villa en un carromato, raudos como pudieron. "¿A dónde vamos...?" Preguntaba la débil y desorientada Tamriel. "Tus amiguitos han descubierto tu paradero. Y no quiero que me arrebaten mi comida eterna ni tampoco a mi hija". Respondió él.

No mintió. Pues a mitad de camino de su destino, el carromato fue asaltado por... El viejo pelotón de Tamriel. Sus queridos aliados en combate. "Heh." Rió sarcásticamente aquel peligroso vampiro cuando los vio descender de los cielos. Pero bien sabía él que ellos eran mayor número, y que no lo tendría fácil si los quería matar.

A uno de ellos le tomó por sorpresa con el primer ataque en cuanto este asomó al interior del carromato. Le rebanó el rostro arrancándolo con sus propias manos; sin duda, el vampiro tenía una fuerza sobrehumana. Pero pronto se vería a dos de los ángeles de más alto rango, y la pelea se volvería mas ardua y encarnizada. Otros dos ángeles aprovecharon para sacar de ahí a Tamriel, liberándola de sus ataduras en alas, brazos y piernas, mientras el vampiro estaba ocupado.

Llorosa se hallaba Tamriel. Eternamente agradecida con sus chicos. "Gracias. Gracias por venir..."
"Quedas arrestada." Le dijo entonces uno de los arcángeles armados, desconocido para ella.
"¿¡...!?" Esas palabras eran las últimas que ella podía esperarse de su rescate.

Trataron de hacerla moverse con violencia, agarrándola de sus ya huesudos brazos para hacerla salir. Ella intentaba negarse forcejeando todo lo posible y tratando de zafarse de ellos, pues temía aquellas palabras previas... Significaban que iba a ser Juzgada. Pero no hubo manera de conseguir zafarse... Hasta que el vampiro llegó y atacó a ambos arcángeles con tal de que la liberasen.

Acabaron soltándola para enfrentarse al vampiro. Ellos parecían estar encargándose bien de él... Pero, mientras trataban de lidiar con ese ser del mal, la albina les robó uno de sus puñales y aprovechó el momento para echarse al vuelo y, por muy débil que estuviese para volar, tratar de escapar de aquella locura.

Por el cielo nocturno volaba aquel ángel demacrado, de vez en cuando mirando hacia atrás y viendo cómo esos arcángeles la alcanzaban. En medio del vuelo sus ojos no pudieron soportarlo más y comenzaron a desprender amargas lágrimas de derrota. De derrota y... de desesperación. Tamriel iba a hacer algo muy doloroso con ese puñal.

Creía saber por qué ellos querían apresarla. La respuesta estaba dentro de ella: Su retoño, mezcla de ángel y vampiro. Una combinación que no se ve mucho debido sobre todo al peligro que conlleva... Pues cabe la posibilidad; un 1%; de desatar un terrible Maleficio con una mutación en el ser engendrado de esa unión.

Por tanto... Ella tomó su decisión. Pasando justo por debajo de un bosque, ante la luz de la luna llena y durante esa persecución, veremos a Tamriel clavándose el puñal en el vientre y oiremos cómo grita de dolor, realizando la misma acción repetidas veces hasta que se asegure de que la criatura que tiene dentro quede completamente aniquilada.

Aquella noche, primero de Noviembre, fue la misma en la que una gota de sangre cayó del cielo sobre una bonita flor. Al cabo de una media hora, esa misma flor se había podrido. Pero oh... Otra media hora pasó, y esa misma flor había parecido renacer. Ahora tenía un color rojo mucho más intenso en sus pétalos.

Nadie supo jamás a quién se le cayó esta gota... 
Leyendas especularán que se trató de un ser alado.

El Caos es mi Reino

Los ángeles y arcángeles encargados de apresar al Ángel del Cosmos acabarían por atraparla y llevársela consigo.

Lograron parar la hemorragia del macabro destrozo que ella misma se hizo en el vientre, y por tanto la vida de Tamriel se salvó. Pero también vieron que... su hija, la que bien podía ser la Blood Hex, había fallecido por todas esas puñaladas.

Sin embargo, las leyendas cuentas que la Blood Hex; o Bloodegar como acostumbraban a llamar los seres celestiales que creían en esos cuentos para asustar a los niños; no es para nada fácil de aniquilar. Ni haciéndola desangrar del todo, aplastar su cuerpo o generar mil hendiduras en sus órganos, se es capaz de acabar con ella. Aunque nadie conociera por qué.

Era un peligro magno para los ángeles; un tema que las grandes esferas de ángeles de la primera jerarquía no podían pasar por alto. Si esa plaga se cernía sobre el mundo terrenal, se alimentaba y camuflaba entre los humanos, podía crearle un enemigo al plano celestial tan temible como el propio Rey de los Caídos.

Por tanto la conocida como Ángel del Cosmos debía ser juzgada, en privado, por serafines y querubines. Presente en dicho juicio estaría su madre, Dandriel, quien desde que aquel acontecimiento empezó... En ningún momento a su hija miró. A Tamriel le destrozó aquello más aún que el dolor que aún sentía en sus tripas, las cuales pese a haber pasado días, aún seguían regenerándose bajo sus pobres atuendos.
"..." Sobre un gran podio, un imponente serafín de seis alas escrutaba juicioso a la que esa día iba a ser desterrada por unanimidad de ese consejo secreto. Al bajar el mazo para dictar su sentencia... La allí juzgada no sabía qué infierno quería: El real en el que por tanto tiempo luchó, el que ella vivió... O el que ella estaba por vivir como ángel caído.

Ni siquiera le dieron un día para poder dejar el Cielo habiendo recogido todas sus pertenencias, no. Tenía que irse de ahí inmediatamente. No podían perder más tiempo; tenían que deshacerse del Ángel del Cosmos y empezar a gestionar la situación respecto a la Bloodegar, y cuántas probabilidades había de que ahora el mundo estuviera sumido en su maleficio de sangre. Así pues, Tamriel, como si la hubieran destinado a la muerte, cabeza gacha salió de ese edificio y, conforme caminaba, su cabello se teñía de negro... Así como sus alas.

"¡Ahí está!"
"¡¡A por ella, rápido!!"
Pero en cuanto saliese de aquel juzgado, le esperaba una última emboscada.

Uno de sus antiguos compañeros del pelotón que ella solía formar antaño le placó por el costado para tirarla al suelo. Otro de ellos vino corriendo con un puñal en mano. Los dos antiguos compañeros que faltaban, llegaron más tarde. "¿Qué hacéis? ¡Chicos, nooo! ¡NOOOO!" Gritaba la condenada. "¡SOLTADME!" Pero sus ahora sollozos no impidieron lo que era evidente que aquellos a los que una vez quiso como hermanos estaban a punto de hacer.

El eco de los gritos y quejidos de la ahora ángel caído se hicieron audibles por todo el lugar como un eco de lamento. Ingrata coincidencia que todos los demás ángeles, incluida su madre, que pasaran por ahí, resultaran estar sordos ante sus plegarias ese día. Y ciegos.

Sus dos alas ahora negras le fueron mutiladas sin anestesia ni cuidado alguno. Su rostro, pálido y completamente humedecido por sus propias lágrimas, denotaban el horror que solo el dolor más agudo y degradante podía causar.

Cuando terminaron de cortar sus alas, los muchachos se escabulleron de ahí. Sus cuatro plumíferas acompañantes serían cosa del pasado a partir de ahí. Desangrándose nuevamente, solo que esta vez sin recibir ayuda de nadie, la traumatizada Tamriel tendría que dejar ahora aquel plano por siempre jamás para fundirse con el de los mortales... Cuestionándose si alguna vez pudiera volver a querer a alguien sin miedo a salir tan herida como en aquella etapa de su vida. Sin duda, su experiencias le han demostrado que no puede haber Cosmos en su vida, solo Caos.

"Así que este es el precio a pagar por amar y disfrutar de los vicios. Lo siento, mamá... Lo siento, mi Señor...
Os he fallado a todos."



Solo había, quizás,
una única razón por la que
Tamriel existiera
en esta vida:
Acabar con todo rastro
del ser llamado Bloodegar.

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3
2
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Personalidad

Personalidad

Tamriel acabó adoptando la severidad de su madre para algunas situaciones... Pero la ternura de su corazón la delatará muchas veces, mostrándose dulce y cariñosa tanto cuando quiere ser así, como cuando prefiere ser seria y determinada, pero... la situación le puede. Es como esa clase de madres que intentan regañar a su hijo o ser firmes con un castigo que le impongan, pero que al final se emblandecen todas y le acaban dando una piruleta y un abrazo. Hasta cuando pretende desconfiar y alejarse, no puede evitar ser benigna.

Así es de base... Mas todo lo que ha pasado por su vida le ha causado estragos también en su personalidad. Es insegura, algo temerosa, sus manos siempre tiemblan y su piel siempre está fría. Siempre dudará del cariño que otros le den, pues ha aprendido que si no desconfía, le cortan las alas. Adorará a todo ser de luz y aborrecerá a todo ser maligno que quiera oponerse a los celestiales; aunque hay algunas excepciones en este caso, como aquellos ángeles caídos por los que, cabe la posibilidad, ella sienta compasión o, como mínimo, sentimientos ambivalentes de repulsión y compasión. Pero un ángel caído al que jamás perdonará, es a sí misma, haciéndose totalmente responsable y culpable de los acontecimientos que se dieron en su vida. Si los ángeles la han juzgado... Será porque habrá hecho algo mal, ¿no? Jamás cuestionará a aquellos que en alma son superiores a ella: los ángeles. Quizás esto también se debe a que una parte de ella sigue desesperada por volver con ellos.

Apariencia

Apariencia

Tamriel está ataviada con vestiduras negras que le cubren todo el cuerpo agrietado, zapatos del mismo color, y unas cintas que le rodean las piernas, haciendo las veces de medias. Se suele mostrar humilde y misteriosa ante los demás mientras cubre medio rostro con el cuello alto y holgado de su prenda.
 
Las largas y cuantiosas hebras onduladas de su cabellera están algo enmarañadas, pero las intenta controlar con un gran lazo rojo. Las únicas grietas visibles en toda ella por lo general son las que adornan sus mejillas. Sus ojos rojos como la sangre suelen estar perdidos. Posee un busto medio, cadenas generosas mas camufladas por su vestimenta. Las manos siempre tiemblan debido a la ansiedad constante. Su voz, aunque acostumbre a hablar con dulzura, posee el tono propio de una mujer madura, más grave de lo que acostumbra a ser una voz femenina. Esto delata su edad y madurez. Pese a tener más de siete mil años, aparenta 40.

Habilidades

Habilidades

Como Sacerdotisa, Tamriel siempre ha poseído habilidades curativas, conjuros para la mejora temporal de las cualidades y escudos de luz que protegen contra el daño físico y mágico. No obstante... Debido a lo mucho que han roto su psique con el paso del tiempo, un poder adverso ha empezado a crecer en ella... Intenta ignorarlo, pero si se ve expuesta a ciertas clases de dolor o amenaza, este poder puede surgir contra su voluntad.

De este modo sus habilidades se categorizan en dos grandes ramas: La rama del Cosmos y la rama del Caos.

Habitualmente, Tamriel tiene estas dos caras de la misma moneda balanceadas dentro de sí; 50% de Cosmos, 50% de Caos. Dependiendo de cómo se encuentre ella internamente en la batalla, la balanza se tornará cada vez más a favor de una de las dos opciones.

Cosmos

Caos

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Auramancia  + Umbramancia

Luxomancia

Pasivas:

- Orden: La Balanza mantiene un 50% de Caos y un 50% de Cosmos en Tamriel de base. Por cada 10% más que una de las dos partes obtenga a diferencia de la otra en la balanza, los hechizos de ese lado ganarán un +20% de potencia y el otro lado que ha perdido ese 10% tendrá un 20% menos de fuerza; por ejemplo, si Tamriel pasa a tener un 60% de Cosmos y 40% de Caos, su Cura que por lo general curaría el 30% de la vida total de su aliado de Rango Cero (500x30/100=150), un 20% más de ese valor (150x20/100=30, por tanto 150+30=180HP curados). En los roles se pondría el resultado de todas las mates para no complicarlo: "Tamriel cura 150+30HP a Pepito". Mientras tanto, si Tamriel tiene 40% de Caos, sus ataques ofensivos harían menos daño del mismo modo. Estos valores pueden cambiar con el desarrollo del personaje.

- Sacerdotisa Milenaria: Pese a que sus poderes ya no sean lo que fueron antaño, la experiencia que ganó tras miles de años haciendo lo que hace no se ha ido a ningún lado. Esto permite a Tamriel moverse en combate de manera óptima completando su rol con una destreza increíble, permitiéndole realizar 2 habilidades de efecto en un solo turno. Las habilidades de combate (las que hacen daño, vaya) no entran dentro de esta pasiva, pues su rol nunca fue el de combatiente directa aunque a veces lo hiciera.

- Estrella Fugaz: El Cosmos que siempre habitó en la mítica Tamriel dejó en esta un astro luminoso que le apoya en los momentos más difíciles. A día de hoy, aunque este ángel haya caído, ese don persiste en ella. Cuando Tamriel recibe el primer golpe en un combate, dicho astro etéreo de luz surge para "chocar" contra el daño que Tamriel vaya a recibir en sí, y mitiga un 50% de dicho daño. El choque hace rebotar esta estrella fugaz, curando un 25% del siguiente aliado en el que aleatoriamente el pequeño astro impacte, y un 15% en el siguiente organismo aliado que choque tras el rebote con el anterior, 10% en el siguiente, 5% en el siguiente, hasta que llegue a 0. Si hay solo 1 aliado con Tamriel el astro para en 25% y si hay 3 para en el 15%. Solo sucede la primera vez que Tamriel recibe daño en todo el combate.

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