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En una de esas famosas y bonitas casas con techo de paja que se pueden encontrar en la localidad de Griethoorn, Holanda; en la cuna de esa linda pareja de cándidos y fervientes jóvenes enamorados, yace dormiente la nueva criatura que trae bendición a l acogedor hogar. Iris Penelope nació hace unos meses, y padre y madre no pueden estar más encantados con su niñita. Se les nota el júbilo en la faz al ellos contemplar, bien abrazados, a su retoño descansar bajo la luz de la luna.
Esos dos cuidadosos enamorados que tanta viveza irradian quieren que su hija sea una prodigio. Desean que viva lo mejor de la vida y que aprenda de lo mejor; que valore el arte y la pureza, que su desarrollo en cada etapa de la vida sea el más óptimo posible. Por eso tienen su habitación decorada con todos los colores vívidos posibles. Lienzos de cuadros que pintó su madre aguardan a la espera de que esa niña pueda abrir los ojitos al día siguiente y poder seguir observando con curiosidad los distintos trazos y las distintas líneas de cada cuadro abstracto. Ya tienen encargados los instrumentos que Iris aprenderá a tocar cuando esté capacitada para empezar con ello. También han hablado con varias academias de baile de la ciudad de Zwolle, a treinta minutos de Griethoorn, lugar en cuyo hospital Iris nació. Y la reserva de la plaza de una de las mejores guarderías de Holanda, situada en esa misma ciudad, fue tramitada el Jueves pasado.
Están listos para ser los mejores padres del mundo para esa criatura.
...Y así es como empezará una vida que desde sus raíces tuvo el estrés de los compromisos a la orden del día.
La primera temporada después de que Iris aprendiera a caminar, fueron unos años de pura contemplación y primeros contactos con las maravillas del mundo artístico y de la grandeza de los preciosos paisajes de los Países Bajos. No había un solo pañal que no terminara manchado de pintura luego de que Iris se limpiase las manos en la capa blanca del mismo. Mozart y Beethoven sonarían en el aura de la vivienda a lo largo de casi todo el día. Y quién dice que Iris no bailará agarrada a los dedos de su padre que de cuclillas está ante ella mientras ella mueve sus piernecitas de manera hosca...
Pero... oh. Durante esta primera etapa, se darán cuenta los progenitores de que su descendiente ha nacido con cierta condición genética que le puede causar problemas. Esta condición es la hiperlaxia. Su pequeña hija tiene una flexibilidad que supera el nivel diez, que es el más alto. Lo saben porque un día, "bailando" con papá, se torció el tobillo solo con dar un paso. Se preocuparon demasiado. ¿A lo mejor eran huesos de cristal lo que esa niña tenía? Podría ser... Pero no, el pediatra los informó de que se trataba de hiperlaxia. Les indicó que con el debido trato y debidas pautas, en su futuro no le tiene que suponer ningún problema para hacer vida normal. Eso les tranquilizó. Iban a seguir esas pautas, que tampoco eran demasiado estrictas ni demasiado alarmantes, para que su hija siguiera creciendo sin mayores problemas.
No sería hasta los cinco años que ella no pudiera comenzar a tomarse todo esto del arte y de la potenciación de su creatividad como niña que era con más seriedad. Ya la quedará poco para pasar a la escuela primaria, y se debe preparar como la ilustre jovencita que sus padres pretenden que sea. Ya han hecho todo lo posible por fomentar su creatividad y darle lo mejor... Ya es hora de que dé los siguientes pasos.

Estos "siguientes pasos" serán los que Iris dé hasta su primer instrumento, el harpa. Irá a clases de harpa los Lunes por la tarde. Solo lo básico, pues aún es muy joven. Lo mismo para sus clases de ballet los Miércoles. Los Martes y los Jueves, quedan reservados para pintar y dibujar durante toda la tarde con mamá. Los Viernes son para pasear en canoa con papá por los canales acuáticos de Griethoorn. Por algo la llaman "La Venecia del Norte". Puede observar así la belleza del verde y de los paisajes del lugar.
Los Sábados y Domingos son especiales, pues Iris Penelope realiza actividades distintas con papá y mamá. Van a visitar sitios, hacer turismo; o quizás todo lo contrario; quizás se queden en casa a ver películas o hacer juegos de simbolismo e imaginación cerrando todas las ventanas de la casa e iluminando la misma solamente con linternas y luces de colores.
Era un comienzo hermoso para una nueva vida, eso es lo que se puede pensar. Y sí, lo era. A Iris le encantaba todo lo que hacía a la semana y no le cabía duda. Pero lo que ella misma no sabía, era que todo eso era el inicio de la mayor incubación de estrés en su interior.
Pues... Todo iba a empeorar a partir de ahí.
Todo acabaría siendo peor cuando el 21 de Septiembre cumpliera sus 6 años de edad y su padre se fuera para no volver.
Qué cliché, ¿eh?
¿Tan cliché puede ser que la niña no sepa por qué su padre se fue un día de su vida cuando todo parecía tan perfecto? Y al parecer mamá sí lo sabe. Pero no se lo quiere decir. Mamá cada vez llora más de la cuenta. ¿Qué es lo que sabrá?
Jamás se lo preguntó. El único lado positivo de todo ello, es que a sus 6 años de edad todavía tenía oportunidad de olvidar a esa figura paterna sin que le supusiera más aún. De olvidar esos paseos en canoa a los que mamá no podía acudir por estar trabajando, de olvidar los helados que preparaba para ella y de que hacía el papel de ogro malo que acababa volviéndose bueno y salvaba a la princesa en los juegos de imaginación de los Sábados y Domingos... De olvidarlo...
...¿De olvidarlo para dejar pasar a una nueva figura paterna? No, quizás eso no.
Y es que no sabe por qué su mamá tuvo que conocer a un nuevo papá meses después. Parecía desesperada por ello. Un sustituto encontrado en tan poco tiempo... Eso iba a ser peliagudo para la pequeña Iris Penelope. No lo aceptará tan a la ligera. Y sin embargo... Su pasividad para con su madre, hará que la pequeña Iris ni rechiste ni haga nada al respecto. Resulta que Iris siempre fue muy pasiva en su entorno familiar, pues siempre confió en sus figuras paternas... Y siempre confiaba en ella, en mamá. Pero... El nuevo padre seguiría siendo un nuevo estresor que oculto en ella quedaba.
Un estresor más, sí, uno más. Uno más entre otros tantos en lo que ella supuestamente debía desarrollar al límite su tan incipiente creatividad juvenil. A los seis años ya había pasado a clases más avanzadas de harpa los Lunes. Los Martes habían sido sustituidos para clases de alemán básico y los Jueves de chino mandarín básico. En los Miércoles el ballet seguía reinando... Los Viernes fueron destinados a cantar en el coro de su región. Por lo visto tenía una buena voz. Iba a ser una futura soprano. Los sábados sí que podía dibujar y pintar con mamá... Pero ya no habían más juegos de simbolismos.
Parecía que ese nuevo hombre traía mucho dinero a la casa. Y este hombre no venía solo, no. Llegó con otro hombre. O más bien, un chico; un chico mayor. Su hijo. Un muchacho de dieciocho años. Era bastante amable y divertido. Tal era así, que modificó los Domingos de Iris para algo completamente nuevo: ambos comenzaron a dedicar ese día de la semana en convertir el jardín y las paredes de su hogar en unos hermosos laberintos de flores. Se las pasaban todos los Domingos decorando ese trozo de tierra de su parcela con flores de todos los colores. Ya incluso las ventanas del edificio donde vivían quedaban un poco cubiertos por esas plantas. Mamá estaba de acuerdo, pues la jardinería también fomentaba el buen desarrollo creativo de Iris.
A ese chico le encantaban las flores.
Pero pese a esos Domingos tan mágicos, la personalidad estresada encubierta de la pequeña peliazul seguía su curso de desarrollo. Para ella, eso ya era algo normal en su vida. Ni siquiera se daba cuenta de su tan alarmante estrés. Todo lo que hacía a lo largo de la semana después de sus clases de primaria; harpa, alemán, ballet, chino, canto... Eran cosas que le encantaban y con las que recibía el efecto deseado, que era aprender y desarrollar su artística creatividad... Sin tener en cuenta esos otros efectos colaterales que implicaban el gran estrés al que era sometida sin sus padres siquiera darse cuenta de ello, cosa que le podría generar varios problemas a futuro... Pues no tenía un solo respiro la mayoría del tiempo.
Iris Penelope vivía estresada. Y ya tenía esto como algo normal. Como algo incondicional de lo que es la vida.
Su vida.
...
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