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Hope's Peak Academy

5

“Yohann.”


Yohann no la estaba mirando.


“Hey, Yohann. . . Soy yo, Iris.”


Se acercó más a él. La grácil y bonita adolescente mostraba una encantadora sonrisa que irradiaba tranquilidad y parsimonia.


❝…H-hey, Iris…❞


“Me he enterado de que te gusto.”


❝¿Q-qué?❞


La chica de 13 años se dejó caer hacia el rostro de Yohann, y le besó. ❝¡¿?!❞ …Después de unos segundos, se separó de él. “¿Nunca antes habías besado a una chica?” Yohann negó con la cabeza, aún aturdido por lo que acababa de suceder. “. . .Pues ya lo has hecho~ Si quieres besarte más conmigo, ven después de clase al hueco de detrás del edificio.”

Y la joven peliazul se fue a su aula caminando como si flotara debido a la calma que en sus acciones reinaba y que dentro de ella guardaba.

…Ese era al tercer chico que besaba esa temporada. Y no solo besar; es más, se pasó todo lo que le quedaba de clase, pensando qué podría probar aquella vez con ese nuevo chico, Yohann, a quien ya concebía como su pareja cuando no podría haber hablado con él más de un par de veces antes del suceso de ese día.

La vida de Iris Penelope van der Vrede seguía así su curso. Estaba en esa etapa de la vida en la que se busca una identidad para una misma. Desde su infancia y con el tiempo, fue dejando de lado varias de las actividades particulares que estuvo manteniendo… Para desplazarse a otras virtudes y hobbies, para seguir con el fomento de su creatividad y su formación artística. Ya sus padres estaban consiguiendo lo que estaban queriendo de ella… Más o menos. Era una chica de lo más brillante. Bailaba genial y no solo ballet, también estaba empezando a dominar otro tipo de bailes; era de las coristas más destacables de su grupo de coro; dejó el harpa y comenzó a aprender a tocar el guzheng y la pipa; y ya tenía grados básicos pero bien pulidos en chino y en alemán. Todo iba sobre ruedas… Cada vez era una chica más eficiente en todo.

Y lo más importante. Nada podía con su eterna plenitud, con su eterna calma.

También había aprendido a meditar. Por sí sola. Era una práctica que la embriagaba; su habitación parecía un santuario en el que no podía habitar ninguna clase de estrés. Una tensión perfecta para un ritmo de vida que parecería imposible para muchos. Así era la vida de Iris Penelope.

Todo le iba tan bien… Ah, tan bien. Cuando sus padres parecían preocuparse por ella, no daba la impresión de entenderlo. Tenía unas notas sobresalientes. En las prácticas extraescolares siempre resaltaba. ¡Y aún así podía hacer una vida social normal y tener tiempo para ella! Era… Era demasiado perfecta, pensaban ellos. Tanto… Tanto, que les inquietaba.

No podía ser así. Algo tenía que pasar con Iris. Desde que sucedió aquello hace años… Cambió drásticamente aquella peliazul.

Pero ningún psicólogo pudo llegar a una conclusión válida. Ningún profesional pudo sacar algo de ella. La veían todos normal. Con una personalidad, temperamento y actitudes base de lo más calmas y sosegadas; eso era cierto, pero no tenía nada de malo. Fuera aparte de los antecedentes de vida de esa persona, no parecía haber nada malo con ella.

Iris jamás contó a nadie toda la verdad, a fin de cuentas. Nadie supo jamás todo lo que realmente supuso Luther. Todo lo que hizo.

Pero lo importante es que ella vivía feliz. Pasó otros dos años más en los que tuvo otras muchas experiencias… Lo que más destacaba en su vida eran las tumultosas relaciones íntimas que a ella le gustaban pasar. Era algo natural en ella. A su corta edad ya conocía un amplio mundo de lo que suponía aquello… O de lo que ella creía que suponía.

En aquel verano la quinceañera estaba haciendo yoga en el jardín que quedaba de cara al canal de canoas. En dicho verano habían más turistas de lo habitual en Giethoorn; y todos miraban al pasar cómo Iris llegaba a unos movimientos elásticos extremos con esa práctica.

…Un hombre concreto, se quedó mirando más de la cuenta. No con embelesamiento, no con sorpresa, no con atracción. Con curiosidad y desvelo.

❝…Creo… Creo que la he encontrado.❞

Se dijo Koichi Kizakura, quien sobre esa canoa bajaba la mirada para volver a leer los informes psicológicos que adjuntos quedaban a ese artículo de periódico que hablaba sobre una tragedia que tuvo lugar en Giethoorn hace aproximadamente 7 años.

En la casa de ese mismo jardín donde esa peliazul estaba practicando yoga.

❝...Aaah... Adiós a mis vacaciones~❞

A quién engaña. En realidad nunca dejaba de trabajar en cuanto veía una oportunidad.

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❝¡Adiós, Iris! ¡Te echaremos de menos!❞

". . .Y yo a vosotras, y yo a vosotras. . ."

Despedidas y más despedidas volaban por aquel gran salón de ballet por parte de aquella peliazul que en una de sus manos sostenía una carta con el símbolo de la Hope's Peak Academy. Del grupo del coro ya se despidió ayer, así como de otras varias amistades de todas las que tenía.

No habían tardado en mandarle una carta para que acudiera a la promoción 75-B de la Academia. Los padres de Iris Penelope Van der Vrede mostraron ambivalencia por este suceso; por un lado, querían que su hija persistiese en su vida normal, aquella que le impulsaba a... ¿algo mejor? ¿Pero qué podía ser mejor para su futuro que asistir a la Hope's Peak Academy de Japón? ...Quizás lo que les incomodaba fuera el talento que se le iba a ser asignado allá. Ultimate Meditant.

❝Cariño... ¿Estás segura de esto?❞

"Mamá. Estoy hecha para esto. Créeme. . ."

La meditación tiene valor. Quizás no fuera la actividad más emocionante del mundo, o así lo veían sus padres, pero...

"Sin lo que vosotros me habéis dado en la vida. . . No habría sido capaz de llegar a esto."

Esa frase le convenció a mamá. Y por otro lado...

❝...

". . .Señor Zondervan. . ."

❝Cuídate, Iris.

Ella le sonreía a aquel hombre que era su padrastro. Mas, por dentro, no lo hacía. Mientras que ese hombre sí aprendió a quererla. Un beso en la mejilla de su hijastra sería lo último que la dejaría a aquella muchacha que tan madura le parecía.

La vida de Iris Penelope van der Vrede en la Hope's Peak Academy no podría ser mejor. Tenía todo lo que quería y más; fomento de los componentes de la vida que más le gustaban; crecimiento espiritual y metafísico; habilidades de meditación, mindfulness y despertar interior sumamente óptimos; calma, sosiego; y una serie de relaciones sociales más que satisfactoria... En la que cabe destacar una en concreto. Dahlia van Bloem regresó a su vida. Y lo hizo nada más ni nada menos como otra alumna de su misma clase, la 75-B, en aquella Academia de inmenso prestigio, con el título de Ultimate Florist sobre sus hombros.

Ah, las flores. . . Qué recuerdos le trajeron a Iris.

No podía estar más contenta con aquella vida. Aunque por esta transcurriesen todos los estresores del mundo a modo de conflictos, de frustraciones, de relaciones íntimas estrepitosas y hasta tormentosas, de dolores... Todo; todo suponía una prueba tras otra que arremetía contra su eterna e imperturbable calma, aquella calma que la convertía en la experta en meditación que la Hope's Peak Academy pretendía que ella fuera.

Una fuente incesante e imparable de calma para las demás personas.

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". . ."

❝Iris Penelope van der Vrede. Ex–Ultimate Meditant. Espero que aceptes realizar esta tarea que me honra encomendarte.

". . ."

❝¿Aceptas–?❞

"Shh. . ."

Un dedo índice alzó la holandesa para posarlo en sus dos labios, mientras mantenía cerrados los ojos, sin poder mirar así a ese hombre que con tensión tenía hincados los codos sobre su escritorio y la zona maxilofacial apoyada en sus manos de dedos enlazados.

"Por favor, cálmese un poco ante mi presencia, Sr. Kirigiri. . ."

❝. . .❞

El director de la Hope's Peak Academy suspiró y cerró los ojos. Asumió que no le quedaba otra que serenarse un poco ante ella.

Fue entonces cuando Iris escuchó ese suspiro tan nítido como si fuera una voz en alto y, así, terminó por entreabrir los ojos, sonriente.

". . .Así está mejor.

Acepto."

La que otorgaba calma y tranquilidad a casi cien millones de habitantes estresados en el País del Sol Naciente con sus exposiciones públicas, sus ponencias, sus programas de televisión y demás, aceptó la tarea que Jin Kirigiri requería de ella en esa Academia que hace un año la tuvo por alumna la última vez.

Al día siguiente sería ella una nueva profesora contratada para dar clases en diferentes promociones del Reserve Course. O, al menos, ese era su papel. Un papel que no le costaría interpretar sin levantar sospechas de que era una Ex–Ultimate gracias a su temple y a sus nulos nervios para afrontar la infiltración. La Hope's Peak Academy acudió concretamente a ella para esta arriesgada misión, pues necesitaban calmar un poco los humos de la que ya se conocía como Desfile.

Iris debía hacerlo. Iris podía hacerlo. Una peluca de cabellos castaños y un maquillaje específico sería suficiente para que nadie sospechara de la peliazul que salía en revistas, programas y anuncios. Pasó una temporada haciendo procesos; muchos de los Reserve Course Student desistían y renunciaban al Desfile por haber encontrado una calma y una serenidad que tal vez necesitaban para 'entrar en razón' y no causar más alboroto ni destrozo. Pero otros... otros parecían demasiado perdidos... Demasiado perturbados por una fuerza que Iris desconocía de donde venía, una fuerza cuyo origen era un misterio para la Meditant.

*POM*

Se oyó ese golpe en la mesa de ese pupitre al mismo tiempo que el alumno sentado en este arrastraba con sus pantorrillas la silla por el suelo hasta quedar de pie y desafiante frente a su 'profesora'.

❝¡Y una pedazo de mierda!

 

". . ."

 

Tan serena como seria contemplaba el semblante de aquel alumno azabache de aquella clase del Reserve Course. Esa voz sonaba demasiado alta. Y ese acento no era japonés, desde luego; Iris distinguía cierto acento de la Europa del sur. Un acento tosco y que pronunciaba las R y las S con saña.

 

❝¿De verdad cree que me voy a tragar esas pantomimas, Aoyama-sensei? ¡No quiero calmarme, joder!❞

"Por favor, siéntate. . ."

❝¡NO! Ya sé lo que pasa aquí... Hasta los profes de aquí están compinchados ahora con el puto director, ¿verdad? ¡¡Anda y que os jodan a todos de una puta vez!!❞

Y ese alumno salió airado del aula. Iris sintió toda esa rabia abrumarla, aunque esta no acabara pudiendo con ella y con su serenidad. Lo peor de todo es que toda esa rabia y todo ese odio quebraron sus progresos casi por completo; al día siguiente, casi ningún alumno de esa promoción fue a la clase. Y aquello solo empeoró con el tiempo.

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La infiltración de Iris Penelope como profesora del Curso de Reserva resultó en fracaso total... Al ser ella junto a Koichi Kizakura, Jin Kirigiri y Kazuo Tengan, testigos del suicidio colectivo de estudiantes sin talento en ese fatídico día.

Tras esas visiones la peliazul holandesa cerró los ojos, lágrimas surcando sus mejillas, mas ella no lloraba per se... Sino que estaba controlando y regulando su respiración para calmarse. Sabía Koichi que ni siquiera debía poner una mano en el hombro de ella para darle apoyo cuando hacía eso, de modo que la dejó ser. 

Iris partiría junto a otros muchos ex–alumnos de la Hope's Peak Academy a formar una nueva sede que marcaría un porvenir resplandeciente en ese mundo que cada vez se estaba volviendo tan apocalíptico como desesperante: la organización llamada Future Foundation. Durante esa temporada, Iris Penelope habrá trabajado en la 4ta División, la 6ta División, 10a División y la 14ta División, alternadamente dependiendo de para qué la necesitaran los altos directivos. Pero su trabajo consistía, sobre todo, en seguir repartiendo calma y serenidad entre las personas de aquella fundación para poder encarar ese mundo destrozado y desesperado en pos de afrontarlo con mente fría y poder formar así un futuro próspero y lleno de esperanza otra vez.

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